24.2.14

¡No te sometas!



Centellaban sus palabras en mi mente, destrozaban mis tímpanos, eran tan absurdas que no lograba enviar las señales correspondientes a mi cuerpo, mis pies parecían una pesada losa que sometía con fuerza mi cuerpo y lo mantenía adherido al suelo, se repetía constantemente la frase en mis pensamientos.

-¿Qué medida de copa es tu sostén?- 

No podía articular palabra alguna, sacudida en toda mi serenidad, mis ojos desorbitados, sólo veía su figura... encorvado, los años habían vencido su cuerpo, los hilos blancos que poblaban ligeramente su cabeza y esos ojos encendidos por la lujuria de tener frente a él a una jovencita que podría ser su nieta, en ese momento se dibujó una malévola media sonrisa que grotesca terminaba por oscurecer aún más ese sombrío rostro de profundos surcos vacíos y faltos de respeto.

-¡Siéntese, señorita!-
-me supongo que aún es señorita-, ¿no es así?

Nuevamente mi cuerpo sin respuesta, sentí su mano insolente posarse en mi pecho, sus dedos se movieron con rapidez palpando lo más posible en esos escasos segundos que me parecían eternos, empujó mi cuerpo que frágil fue a caer en el lugar que ocupaba en el aula, me llevé las manos a los costados de mi cabeza, mis dedos se enredaron entre mis cabellos, los jalaba con desespero.

¿Por qué a mi... por qué a mi...?

Mis preguntas rondaban golpeando mis sentidos, se atropellaban unas a otras con la brutalidad de una sacudida, a lo lejos se escuchó una voz masculina era Contreras, compañero de materia.

-¿Cuál ha sido su comentario para la señorita profesor?-
-¡Venga... dígamelo a mi!
¿ O es acaso que no se atreve?

Ahora él es quien tenía los ojos desorbitados y sólo alcanzó su voz temblorosa a espetar

-¡No he dicho nada Señor, nadie ha escuchado nada, volvamos a la clase!- respondió temeroso el profesor.

-¡IMPOSIBLE!-, exclamó una voz femenina, se sentía que hacía esfuerzos sobre humanos por controlarse, estaba totalmente alterada.

-¡Me niego a permanecer en el mismo espacio que un seudo-hombre que no tiene el mínimo respeto ante sus alumnos, y qué decir de su ética, brillando por su ausencia-



Caminó con pasos decididos y se posó frente a mí, mi cabeza daba vueltas por lo absurdo de la situación, Leticia me miro con furia y ternura en sus ojos.

-¿O lo denuncias tú, o lo hago yo?, o mejor aún, lo hacemos todos, ¡tú decides!-

El Licenciado Saldivar (mi profesor) se fue a esconder detrás de su escritorio, dejó caer pesadamente su humanidad en el asiento, llevándose las manos al rostro, apenas audible su voz decía...

-¡No he dicho nada, aquí no ha pasado nada!, ¡No he dicho nada, aquí no ha pasado nada!-

Obligada y sostenida por mis compañeros asistimos al Comité Disciplinario, me vi obligada a tragar mi temor y relatar los hechos que venían suscitándose desde hacía unos meses, mis mejillas se encendían al recordar las frases que el profesor me decía...

-¡Qué bonitas piernecitas, y seguro que abiertitas son mucho mejor!-
-¡Esa boca encenderá con maestría mi sexo, sólo necesita unas clasesitas extras!-
-¡Con ese duro trasero, tiembla todo mi cuerpo!-
-¡Eres tú tan pudorosa que...-

Las lágrimas corrieron por mis mejillas, el cuerpo me ardía de vergüenza, me sentí violentada, ultrajada en lo más íntimo de mi esencia,  mi temor se convirtió en furia, cerré el puño y lo azoté con fuerza en la mesa redonda del consejo...

-¡Exijo la expulsión del profesor o denuncio públicamente!-

Leticia que todo lo resuelve con justicia, empezó a señalar artículos, la contundencia de sus palabras fue devastadora para el futuro del profesor.



La sentencia

Expulsión vergonzosa y sin carta de recomendación, no se ocultaría el hecho, cualquier persona que pidiera referencias del Licenciado Saldivar, sería informado de los acontecimientos (ocultando mi identidad), se le dio aviso al profesor que en todo momento lo negó, las pruebas eran contundentes, 25 alumnos de testigos y una grabación de Leticia en el momento preciso.

La tecnología moderna en medios de comunicación puede llegar a ser adictiva, pero tienen una excelente utilidad como lo fue el celular de Leticia, sin ese vídeo me habrían sometido a un proceso largo y tedioso en el cual tendría que repetir en innumerables ocasiones los hechos.

¡Que el temor no te limite!, no permitas que hechos así avancen, desde el instante en que algo te incomoda es porque están violando tu espacio, tu seguridad y el respeto que ante todo debe prevalecer.

¡No te sometas!

Un hecho real que no es el mío.


6 comentarios:

  1. QUE PROFESOR TAN DEGENERADO.
    SE TIENE BIEN MERECIDO EL CASTIGO, AUNQUE LO VEO ALGO FLOJO,,, ES PARA CORTARLE LOS HUEV....
    LASTIMA QUE PASEN COSAS TAN HORRIBLES COMO ESA,,, Y MUCHAS QUEDAN OCULTAS.

    UN BESAZO VANY!!!

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    1. Creo que el mejor castigo Chico Sombrío, es justo ese, siendo mayor la humillación pública el despido vergonzoso.
      Un besito

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  2. Lo relatas tan minuciosamente que hace estremecer.
    Un abrazo y gracias por ese testimonio que ofreces, en la lucha de tu protagonista por su libertad.

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    1. Me parece Rafael, que desde que llegaste es el primer relato que lees, de hecho es ligero comparado con los muchos que se han publicado aquí, pero igual no deja de ser desagradable que cosas así sigan sucediendo.
      Un besito

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  3. Hay casos difíciles y dolorosos, la vida no siempre sonríe.
    Un abrazo.

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    1. Es lo que siempre digo, mas o menos eso, ni siempre sonríe ni tampoco es de color de rosa, por lo mismo debemos ser conscientes y saber hacer frente a las diversas circunstancias que se nos presentan.
      Un besito

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